No entendía nada. Siempre he confiado en el ser humano, en
su capacidad de reflexionar sobre las consecuencias de sus actos y siempre he
creído que, si nos equivocamos, no sería intencionadamente.
Yo, entonces, no entendía nada. No conseguía encontrar la
causa de los actos cargados de odio sin razón aparente, sin que algo, por
insignificante que sea, lo haya provocado. No era capaz de encontrar respuesta
a por qué lo hacen, por qué ocurre eso. No tenía sentido. Así que sólo se me ocurrió una respuesta.
Todo ello me llevaba a decantarme por el aburrimiento, la
soledad quizá. Si trato de ponerme en tu lugar, tú que realizas actos
insultantes hacia otras personas porque sí; la única causa de ello sería para
mí la falta de ambición, la ausencia total de escrúpulos combinado con esa
falta de aspiraciones humanas es lo que yo considero la causa de humillar a una
o unas personas, que nunca me han hecho nada, salvo existir. Y, si yo me comportase
de ese modo, me preguntaría: ¿es que no soporto la existencia de otra persona?
¿Tan soberbio soy que la intervención involuntaria de alguien en mi camino me
resulta tan inconscientemente amenazadora que incluso llego a intentar provocarle el
complejo de existir?
A estas personas les digo que, si creen que pueden ejercer
tal influencia sobre el prójimo, estáis muy equivocados.
Así que baja del pedestal en el que crees estar subido,
arrepiéntete de tus irreflexivos actos, realizados únicamente por tu rechazo
hacia ti mismo, y acéptate. Porque no, así jamás serás tú mismo ni nadie sabrá
cómo eres. Porque yo creo en tu bondad. Creo en ti y en todos los que hacen lo
que tú. Creo en que puedes equivocarte, como yo, como cada uno. Y, por eso, sé
que es posible el cambio, el arrepentimiento y la compensación. Para quien más
importante es todo esto es para ti. Para el verdadero tú.
Eso no eres tú, te queda grande. Y resultas patético
comportándote así, esa es la realidad.
¡Vamos! Aún estás a tiempo de hacer algo por ti. Si no, se
podrá justificar lo que a ti te puedan hacer y, querido amigo, te lo tendrás
merecido.
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