Qué gran sensación al despertar, cuando aún no te ha dado
tiempo a abrir los ojos en la oscuridad y te encuentras desorientado, y de
pronto sientes su abrazo y las mil
caricias por todas partes. Y recuerdas que no estás solo, que alguien
maravilloso te hace estremecerte como nadie más podría hacer. Todo está oscuro.
No se ve nada. Agradables escalofríos me
recorren de los pies a la nuca. Exaltación del sentido del tacto. Todo piel,
todo placer. ¿He despertado? ¿Sigo soñando? Esto que siento no pertenece a este
mundo. Me elevo lentamente, como dejándome llevar por el mar. Meciéndome entre las suaves olas de sus manos, que me recorren y no se olvidan
de ningún sólo poro de mi piel. Floto en una nube entre mis sábanas.
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