El vello que, al erizarse, me dice que es simplemente extraordinario.




domingo, 25 de marzo de 2012

Querida yo

Diciembre 2010

Querida yo:
Te escribo para decirte que tengas los ojos bien abiertos. No te digo que busques con desesperación, sino que aproveches las oportunidades que se te presenten, porque algo muy grande está a punto de ocurrirte.
Ya está dentro de tu vida, aunque tú solamente lo veas, en este momento, como algo interesante o atractivo entre la multitud. Ésta es tu primera señal. Ya está llamando tu atención, así que no lo dejes ir. Consérvalo por medio de tus virtudes. Dentro de no mucho irá adentrándose poco a poco en tu rutina y, cuando te hayas dado cuenta, desearás que no salga de ella.
Mantenlo cerca de ti porque, a medida que el tiempo pase, será  imprescindible en tu vida y su ausencia provocaría en ti verdadera aflicción. Así que más te vale cuidarlo o no habrá otra cosa de lo que más te puedas arrepentir.

Te cuidará, te comprenderá, te ayudará, te hará sentir espectacular. En definitiva, te querrá como nadie lo podrá hacer jamás.
No hacer falta que te diga que hagas lo mismo, tú querrás hacerlo por encima de todo. Pero sí vengo a decirte, mi querido yo, que nunca olvides valorar lo que tienes. Recuerda siempre que lo tienes y, sobre todo, no olvides tú demostrarle todo lo que él significa para ti.

Te escribo para decirte que el amor está en camino, y en breve llamará a tu puerta. He venido a recordarte que debes abrirla, porque nunca me perdonaría que no lo hicieras.

Atentamente.

Tu feliz yo del futuro.

jueves, 22 de marzo de 2012

Forgiveness


No entendía nada. Siempre he confiado en el ser humano, en su capacidad de reflexionar sobre las consecuencias de sus actos y siempre he creído que, si nos equivocamos, no sería intencionadamente.
Yo, entonces, no entendía nada. No conseguía encontrar la causa de los actos cargados de odio sin razón aparente, sin que algo, por insignificante que sea, lo haya provocado. No era capaz de encontrar respuesta a por qué lo hacen, por qué ocurre eso. No tenía sentido.  Así que sólo se me ocurrió una respuesta.
Todo ello me llevaba a decantarme por el aburrimiento, la soledad quizá. Si trato de ponerme en tu lugar, tú que realizas actos insultantes hacia otras personas porque sí; la única causa de ello sería para mí la falta de ambición, la ausencia total de escrúpulos combinado con esa falta de aspiraciones humanas es lo que yo considero la causa de humillar a una o unas personas, que nunca me han hecho nada, salvo existir. Y, si yo me comportase de ese modo, me preguntaría: ¿es que no soporto la existencia de otra persona? ¿Tan soberbio soy que la intervención  involuntaria de alguien en mi camino me resulta tan inconscientemente amenazadora que incluso llego a intentar provocarle el complejo de existir?
A estas personas les digo que, si creen que pueden ejercer tal influencia sobre el prójimo, estáis muy equivocados.
Así que baja del pedestal en el que crees estar subido, arrepiéntete de tus irreflexivos actos, realizados únicamente por tu rechazo hacia ti mismo, y acéptate. Porque no, así jamás serás tú mismo ni nadie sabrá cómo eres. Porque yo creo en tu bondad. Creo en ti y en todos los que hacen lo que tú. Creo en que puedes equivocarte, como yo, como cada uno. Y, por eso, sé que es posible el cambio, el arrepentimiento y la compensación. Para quien más importante es todo esto es para ti. Para el verdadero tú.
Eso no eres tú, te queda grande. Y resultas patético comportándote así, esa es la realidad.
¡Vamos! Aún estás a tiempo de hacer algo por ti. Si no, se podrá justificar lo que a ti te puedan hacer y, querido amigo, te lo tendrás merecido.

martes, 20 de marzo de 2012

Cálido invierno

Un día atestado de personas. Es por la mañana y apenas hay rayos de sol que atraviesen las espesas nubes. Los altos edificios están cubiertos de blanco, así como los pocos coches aparcados en las aceras y los gruesos paraguas de los ciudadanos. Una encorvada anciana camina lentamente por las frías calles de Moscú, donde únicamente se atisban narices enrojecidas entre los gruesos abrigos de piel. El humo de un cigarrillo se cuela entre los labios carmín de una joven que, en un portal, protege la mecha de los gélidos copos de nieve. La gente deja tras de sí huellas que no tardarán en volver a cubrirse de nuevo.Un músico toca alegre su acordeón mientras camina por entre el gentío. La melodía se cuela entre los abrigos y calienta los corazones.Entre tan bellos edificios, este glacial paisaje no podría ser más hermoso.

viernes, 16 de marzo de 2012

Buenos días.


Qué gran sensación al despertar, cuando aún no te ha dado tiempo a abrir los ojos en la oscuridad y te encuentras desorientado, y de pronto  sientes su abrazo y las mil caricias por todas partes. Y recuerdas que no estás solo, que alguien maravilloso te hace estremecerte como nadie más podría hacer. Todo está oscuro. No se ve nada.  Agradables escalofríos me recorren de los pies a la nuca. Exaltación del sentido del tacto. Todo piel, todo placer. ¿He despertado? ¿Sigo soñando? Esto que siento no pertenece a este mundo. Me elevo lentamente, como dejándome llevar por el  mar. Meciéndome entre las suaves olas  de sus manos, que me recorren y no se olvidan de ningún sólo poro de mi piel. Floto en una nube  entre mis sábanas.

jueves, 15 de marzo de 2012

Beginning

Soñó, soñó y soñó todo lo que quiso y pudo. Soñó en crecer, en aprender. En poder gritar muy alto, en hacer lo que le diese la puñeterísima gana. Soñó en volar, lejos. Quizás algunas veces sin compañía, pero nunca sola. 

Soñó, soñó y soñó.

Uno de sus sueños, el más importante, el sueño en el que soñaba todos sus sueños ya se estaba cumpliendo. Y sin él ningún otro sueño existiría.
Cuando despierta cada mañana, sabe que no despierta de su sueño. Éste, el suyo, es un gran sueño. Y mientras no lo abandone, este maravilloso, indescriptible, obligatorio sueño, el resto de ellos se realizarán.

Que se cumplan todos tus sueños.



[...]

Miranda reposaba sentada en el banco cuando le vio aparecer. Caminaba aceleradamente y, cuando llegó hasta ella, se mostraba agitado. La chica se levantó, quedando de pie frente a él. Se miraron fijamente unos segundos. Ella esperaba una respuesta. Él no deseaba dársela.
De pronto, y sin esperarlo. Joey la besó. Su primer beso. Un beso dulce, ardiente y deseado. Miranda sonrió para sus adentros, pero todo pareció desvanecerse cuando él separó sus labios de los de ella y, aún con los ojos cerrados, susurró:
-No puedo hacerlo.