Soñó, soñó y soñó
todo lo que quiso y pudo. Soñó en crecer, en aprender. En poder gritar
muy alto, en hacer lo que le diese la puñeterísima gana. Soñó en volar,
lejos. Quizás algunas veces sin compañía, pero nunca sola.
Soñó, soñó y soñó.
Uno
de sus sueños, el más importante, el sueño en el que soñaba todos sus
sueños ya se estaba cumpliendo. Y sin él ningún otro sueño existiría.
Cuando despierta cada mañana, sabe que no despierta de su sueño. Éste, el suyo, es
un gran sueño. Y mientras no lo abandone, este maravilloso,
indescriptible, obligatorio sueño, el resto de ellos se realizarán.

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