El vello que, al erizarse, me dice que es simplemente extraordinario.




martes, 21 de mayo de 2013



Era día de lluvia.
Le gustaba.
En aquellos días, soñaba
con disfrutar de todo
lo que la ventana le mostraba.
Recorría las calles,
sus pies descalzos
pisaban la hierba
mojada,
su rostro besaba
la lluvia.

Todo ocurría en su imaginación.

Quería salir,
ansiaba
salir afuera.
Las preocupaciones la mantenían dentro.
Tendría que conformarse con vivir
sus deseos
en el tenue
interior de su habitación.

Ya queda poco. Pronto
podrás salir,
y recorrer las calles,
y que tus pies descalzos
pisen la hierba mojada,
y que tu rostro
bese

la lluvia.

Pronto.

sábado, 11 de mayo de 2013

El otro día fue uno de esos en los que te sentiste joven, niña. Retornaste a los primeros momentos. Divertidos, inocentes. Te diste cuenta de que nada había cambiado, por mucho tiempo que hubiera pasado. Y sonreíste. Sonreíste como lo solías hacer entonces. Y supiste que ésa seguía siendo tu sonrisa.

¿Podrías ser más feliz?

lunes, 11 de febrero de 2013


Estoy cansada. Me duelen las rodillas. Es como si mi cuerpo me pidiera caer en el suelo, mi ánimo abatido. Al crepúsculo lancé mi última sonrisa y se la llevó no sé por cuánto tiempo.
Fue al oír aquellas duras palabras. Las oí de casualidad, casi sin querer. Y consiguieron, en un segundo, que todo se viniese abajo.
No hay nada en este mundo que ahora mismo proporcione consuelo. Únicamente mi propia convicción. Pero no estoy dispuesta a dar mi brazo a torcer. Estoy cansada para hacer el esfuerzo. No será hoy, por lo menos. Sólo quiero tumbarme en mi cama y que todo se termine, quedarme dormida. Dormir durante días, si es posible. Dormir hasta que no exista el miedo, ni el dolor.
Dolor es verdadero dolor cuando se convierte en dolor físico. Sólo el dirigir un leve pensamiento me perfora el pecho una vez más. Qué sana es, ciertamente, la ignorancia.
Mis movimientos, todo lo que hago, se han vuelto torpes durante estas horas. Escribo estas palabras, también de forma torpe, a modo de desahogo. No me importa cómo salgan. Más textos surgirán de estos sentimientos, y en ellos plasmaré la belleza que merece. La belleza de su historia y de quienes la protagonizan.
No caerán lágrimas. Aún no. Mis lágrimas ya las está derramando otra persona. Cuando ella esté cansada, terminaré yo la tarea.
Por ahora, cerraré los ojos. 

jueves, 7 de febrero de 2013

Malditos inconformistas


-Me conformaría con días cambiantes. Serían templados, agradables. Me conformo con tener abierta la ventana cada día. Me conformo con salir al balcón y contemplar las vidas que se cruzan ahí abajo. Me conformo con que, de entre esos templados días, aparezcan gélidas tardes bajo mantas, chocolate y cercanía. Me conformo con flores, una flor siempre conmigo. Me conformo con tener ideas, con poder sacarlas, poder compartirlas. Me conformo con una sonrisa en mi rostro, y que las lágrimas que derramen mis ojos alguien las recoja. Me conformo con la ausencia de ruidos. Con no tener que volver a tener miedo. Me conformo con agradables sabores y texturas, con tiernos besos. Me conformo con sentir el viento cálido en la cara y la fría nieve entre mis dedos. Me conformo con levantarme cada día con el cosquilleo interior de quien se siente dichoso.












-Mentira. Eso no es conformarse.

- Redacta, pues, tu lista.


Mañana nadie se conformará con nada.



viernes, 18 de enero de 2013

Home is where your heart is


Esa mañana se levantó temprano. Era de esos días en lo que no se despertaba cansada, sino con ganas de saltar de la cama, abrir la ventana y gritar al mundo. El día había llegado. Se había terminado el llorar y lamentarse. Era el momento de afrontar el dolor de otra manera.
 Se dio la mejor ducha en muchas semanas, se vistió de forma sencilla, se recogió el pelo y se miró al espejo. Por primera vez en mucho tiempo se veía con buen aspecto. Sólo faltaba hacer una cosa más. Sacar su maleta. La abrió sobre la cama y comenzó a pensar qué llevarse. No sería como otras veces, llevaría cosas únicamente imprescindibles. Para empezar, un puñado de trapos variados y básicos. Necesitaría ropa nueva. Casi toda le recordaba a él, y eso no podía ser. Pensaría en él a cada minuto sin falta de mirarse al espejo cada mañana. Al terminar de introducir la ropa, se concentró en aquellas cosas que no podía dejar atrás: el colgante de su madre, el reloj de su padre, sólo cosas que no quería dejar atrás. También la cámara de fotos. Miró las montañas de libros. No podía llevárselos todos. Así que decidió no llevarse ninguno. Comenzaría una nueva colección allá donde fuese. A continuación, se acercó  al armario, y de allí sacó un álbum de fotos. No se lo llevaría, empezaría uno nuevo. Tenía muy claro lo que hacer con él. Solamente cogió una fotografía . En ella aparecían dos jóvenes sonrientes, con el  panorama de una ciudad a sus espaldas.  La miró una última vez y la guardó en su cartera. Por último, cogió todos esos ahorros que tenía preparados para tal importante ocasión.  Sostenerlos entre sus manos durante unos largos segundos le hicieron sentir la real consciencia de que tenía los medios y la voluntad juntos por fin para emprender su designio.

Y allí estaba. En pie, preparada para hacer aquello sobre lo que durante meses había estado reflexionando. Miro a su alrededor, recorrió la casa. Para ella, aquello no era ya su hogar. Pero eso no lo entristecía. No era el momento de tener un hogar concreto.  Tenía una idea. Una maravillosa idea.



Es un día gris. El tren se mueve silente bajo la incesante lluvia. En uno de los vagones resuenan las conversaciones de los pasajeros y el llanto de un bebé. Pero una mujer que viaja sin compañía se encuentra distraída con sus pensamientos. Sobre su regazo se halla un álbum repleto de fotografías las cuales contempla, su expresión serena. En las fotografías siempre está la misma protagonista: ella. Junto a un grupo de familias africanas, en una barca entre los fiordos noruegos, frente a la Muralla China. Y mientras se observa a sí misma evoca aquellos increíbles momentos. Las caminatas por Atacama, los gélidos amaneceres groenlandeses, las noches en Río... Cuántas aventuras y experiencias. Ya han pasado tres años desde que emprendió su marcha. Ese ha sido el tiempo que le ha llevado prepararse para volver.
La mujer rebusca en su mochila hasta encontrar su cartera. De ella saca su fotografía más preciada. Sí, estaba volviendo, pero no a casa. Las ruedas de aquel tren la estaban conduciendo al primer lugar que con él descubrió. Se sentía con fuerzas para poner pie sola en el lugar donde juntos estuvieron hacía ya bastante tiempo.  Se sentía con fuerzas para recorrer una vez más todas aquellas calles que antes ya disfrutaron, para redescubrir tan hermosa ciudad, la cual se había vuelto más hermosa al conocerla con él. Éste era su último homenaje. Un tributo que sentía necesario hacer por todo que significó en su vida. Su amor. Que no va a estar nunca más.
Nadie sabe qué ocurrió con aquella mujer, ni si volvió a su casa, o si se quedó en la hermosa ciudad.  Lo único que os puedo decir es que fue feliz el resto de su vida. Pese a haber sentido un gran sufrimiento cuyo vestigio permanecería en su corazón, fue feliz. Amó de nuevo, de mil maneras. Aunque esa es otra historia.