El otro día fue uno de esos en los que te sentiste joven, niña. Retornaste a los primeros momentos. Divertidos, inocentes. Te diste cuenta de que nada había cambiado, por mucho tiempo que hubiera pasado. Y sonreíste. Sonreíste como lo solías hacer entonces. Y supiste que
ésa seguía siendo tu sonrisa.
¿Podrías ser más feliz?
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