El vello que, al erizarse, me dice que es simplemente extraordinario.




lunes, 11 de febrero de 2013


Estoy cansada. Me duelen las rodillas. Es como si mi cuerpo me pidiera caer en el suelo, mi ánimo abatido. Al crepúsculo lancé mi última sonrisa y se la llevó no sé por cuánto tiempo.
Fue al oír aquellas duras palabras. Las oí de casualidad, casi sin querer. Y consiguieron, en un segundo, que todo se viniese abajo.
No hay nada en este mundo que ahora mismo proporcione consuelo. Únicamente mi propia convicción. Pero no estoy dispuesta a dar mi brazo a torcer. Estoy cansada para hacer el esfuerzo. No será hoy, por lo menos. Sólo quiero tumbarme en mi cama y que todo se termine, quedarme dormida. Dormir durante días, si es posible. Dormir hasta que no exista el miedo, ni el dolor.
Dolor es verdadero dolor cuando se convierte en dolor físico. Sólo el dirigir un leve pensamiento me perfora el pecho una vez más. Qué sana es, ciertamente, la ignorancia.
Mis movimientos, todo lo que hago, se han vuelto torpes durante estas horas. Escribo estas palabras, también de forma torpe, a modo de desahogo. No me importa cómo salgan. Más textos surgirán de estos sentimientos, y en ellos plasmaré la belleza que merece. La belleza de su historia y de quienes la protagonizan.
No caerán lágrimas. Aún no. Mis lágrimas ya las está derramando otra persona. Cuando ella esté cansada, terminaré yo la tarea.
Por ahora, cerraré los ojos. 

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